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Cualquier persona que en el año 1991 tenía 20 ó 30 años, tenía como objetivo musical ver a una de las bandas que por ese entonces revolucionaron el mundo del rock: Nirvana.

Con el explosivo éxito de su segundo álbum Nevermind, la banda se consolidó como uno de los representantes más alabados del género Grunge, en compañía a Pearl Jam y Alice in Chains, entre otros grupos.

No obstante, el suicidio del vocalista del grupo, Kurt Cobain, un día como hoy, pero en 1994, trajo consigo el temprano final de la, por ese entonces, una de las agrupaciones más importantes del mundo.

El hecho dejó una serie de deudas con sus fanáticos, como lo fue realizar una gira por Latinoamérica.

Si bien Nirvana supo tocar en Brasil y Argentina, el propio baterista Dave Grohl reconoció al programa Sábado Taquilla de TVN que estos shows fueron “viajes de fin de semana”, y no parte de un tour.

Por lo mismo, al ser consultado por el periodista Jorge Aedo si les interesaba o si había alguna posibilidad de presentarse en el país, Krist Novoselic -bajista- muy seguro respondió: “Seguro”, ya que “Latinoamérica nos dejó una buena impresión”.

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