aros olimpicos
Tower Bridge luce aros olímpicos en Londres 2012

El pedagogo galo logró fundar los Juegos Olímpicos gracias a su deseo de unir a la humanidad

 

“Lo importante en la vida no es el triunfo, sino la lucha. Lo esencial no es haber vencido, sino haber luchado bien”.

 

Bajo esa filosofía de Pierre de Coubertin, cada cuatro años miles de deportistas, sin importar la raza, idioma, color o estatus social, ideología política o religión se unen con un único sueño: alcanzar la gloria en el Olimpo.

 

El deseo de unir a la humanidad a través del deporte llevó al pedagogo e historiador galo a fundar los Juegos Olímpicos modernos.

 

Con la influencia del cristianismo muscular, que busca la perfección espiritual a través del deporte, crea la primera revista dedicada al deporte: ‘Revue Athlétique’, que incluyó el gobierno en el programa de la Exposición Universal de 1889.

Posteriormente, el Ministro de Educación lo envió a Estados Unidos para continuar con sus investigaciones.

 

Tras vencer obstáculos, críticas que consideraban insensata esta alternativa de unidad social, su lucha dio frutos en 1894 cuando se aprobó su plan de instaurar unos juegos similares a los de la antigua Grecia en una Asamblea de la Sorbona de París.

 

Después se integró el Comité Olímpico Internacional (COI) y en 1896 vio culminado su sueño con los Juegos de Atenas de 1896.

 

“En el mundo moderno, lleno de poderosas posibilidades que al mismo tiempo amenazan con peligrosas decadencias, el olimpismo puede constituir una escuela de nobleza y pureza morales, tanto como de resistencia y energía físicas, a condición de que eleves siempre nuestra idea del honor y del desinterés hasta la altura de vigor muscular”, declaró Coubertin en 1927.

 

Pese a que la organización de París 1900 y San Luis 1904 pusieron en duda la continuidad de la justa, el legado de Coubertin sigue y nos recuerda cada cuatro años que la unidad de la humanidad es posible.

 

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